Cuando la industria creyó haberlo visto todo, San Felipe, Baja California, levantó la mano para ofrecer una experiencia que consiste en flotar y dejar que la vida continúe.
Lo anterior, es posible al introducirse dentro de las albercas de agua salada, teniendo el desierto, el mar y el horizonte como escenario. Para los agentes de viajes, es una experiencia diferenciada para clientes que buscan descanso sin renunciar a la aventura.

San Felipe es uno de los principales productores de sal del estado, y productores como Don Francisco Sosa son referentes de esa actividad. Los habitantes aprovechan este recurso para ofrecer baños de agua salada que se han vuelto un atractivo del turismo de salud. La alta concentración de sal permite flotar con facilidad y genera una sensación de ingravidez que funciona como pausa para desconectarse.
Además de la experiencia sensorial, este tipo de baños puede contribuir a la relajación muscular y reducir la presión sobre las articulaciones, por lo que resultan ideales para recuperar energía tras una jornada activa.
Su valor comercial, reside además en la versatilidad del destino para armar itinerarios que combinan adrenalina y descanso. Un día puede iniciar con kayak al amanecer o pesca deportiva, continuar con la exploración de escenarios naturales y cerrar con una sesión de flotación mientras el paisaje desértico recobra protagonismo.
San Felipe es una opción para parejas, viajeros de aventura y clientes que buscan escapadas wellness diferentes, con un acento que solo se logra entre el mar y el desierto.






