El sargazo no da tregua en el Caribe

La llegada masiva de algas a las costas del Caribe ya es un problema estructural impulsado por la actividad humana y los cambios en la dinámica oceánica.  Los gobiernos locales y los organismos internacionales alertan sobre la necesidad de una respuesta coordinada a escala regional.

La proliferación del sargazo en el Caribe se transformó en una emergencia ambiental, sanitaria y económica de escala regional, con perspectivas preocupantes de cara a 2026. Lejos de tratarse de episodios aislados o estacionales, distintos estudios científicos y reportes oficiales coinciden en que la llegada masiva de esta macroalga forma parte de una dinámica oceánica nueva y persistente, conocida como el Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico.

Si bien hay destinos turísticos que sufren ese flagelo desde hace años y reciben menos turistas, como es el caso de algunas islas de las Pequeñas Antillas o algunos puntos de la costa de Quintana Roo en Yucatán; en otros países como República Dominicana, el impacto ya se ha extendido a regiones donde históricamente no se observaba esta alga. En 2025, se estimó que más de 206 millones de toneladas de sargazo flotaron en la región Caribe–Atlántico, según datos del sistema de monitoreo de la Universidad del Sur de Florida. En el caso dominicano, las autoridades lograron cuantificar unas 800.000 toneladas, aunque reconocen que existen áreas donde la magnitud real no pudo medirse con precisión.

Cuál es el origen del sargazo

El sargazo se origina en el Mar de los Sargazos, en el centro del Atlántico. Forma ahí un ecosistema marino clave, indispensable para muchas especies de peces y para el ecosistema marino. Sin embargo, la proliferación actual está directamente vinculada a la sobrecarga de nutrientes en el océano, producto de la actividad humana.  Los fertilizantes agrícolas utilizados masivamente en países como Brasil y Venezuela llegan al Atlántico a través de grandes ríos como el Amazonas y el Orinoco. Estos cursos de agua gigantescos arrastran también aguas residuales urbanas sin tratamiento adecuado. La deforestación avanzada en la cuenca amazónica agrava este proceso al reducir la capacidad del suelo para retener nutrientes, que terminan alimentando de forma excesiva el crecimiento de estas algas en aguas atlánticas.

A estos factores se suman cambios en la dinámica oceánica asociados al calentamiento global, modificaciones en los patrones de viento y el aporte de minerales del polvo del Sahara. El resultado es una “marea marrón” que desde 2011 aparece de manera recurrente y alcanza dimensiones visibles incluso desde el espacio.

En mar abierto, el sargazo cumple una función ecológica relevante como refugio y zona de reproducción para peces y tortugas marinas. Sin embargo, cuando llega masivamente a la costa, el equilibrio se rompe. La acumulación y descomposición del sargazo en playas genera consumo de oxígeno, afecta arrecifes y praderas marinas y libera sulfuro de hidrógeno, responsable del olor desagradable que puede provocar irritaciones respiratorias y otros efectos en la salud humana.

Estudios recientes realizados en México advierten además que el lixiviado generado por el sargazo en descomposición contiene metales pesados e hidrocarburos en concentraciones que superan normas ambientales internacionales. En regiones como la península de Yucatán, donde el agua subterránea circula por sistemas kársticos, existe el riesgo de contaminación de los acuíferos, principal fuente de agua dulce.

Desde el punto de vista económico, el impacto es directo sobre el turismo y la pesca artesanal. Playas cubiertas de algas, malos olores y costos crecientes de limpieza afectan la competitividad de destinos clave del Caribe, obligando a hoteles y municipios a invertir millones de dólares cada año.

Respuestas regionales y alertas tempranas

Frente a la magnitud del problema, varios países impulsan estrategias de monitoreo y anticipación. En República Dominicana, por ejemplo, se avanza en la instalación de sistemas de alerta temprana con apoyo de la Cooperación Coreana (KOICA) y del programa europeo Euroclima, que permitirán anticipar arribos de sargazo con entre 48 y 72 horas de antelación. También se implementan sistemas de vigilancia con drones y cámaras costeras.

A nivel internacional, el tema ya ingresó en la agenda de Naciones Unidas. En diciembre de 2025, la Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente adoptó una resolución específica para fortalecer la respuesta global ante la afluencia masiva de sargazo, impulsada por República Dominicana y copatrocinada por Barbados y Jamaica. El texto reconoce al fenómeno como una emergencia socioambiental regional, con impactos desproporcionados en el Gran Caribe y África occidental, y encomienda al Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente la elaboración de un informe integral y la convocatoria a instancias de cooperación internacional.

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