Mazatlán mantiene una tradición que forma parte de su identidad cultural, se trata de los clavados en la Glorieta Sánchez Taboada, ubicada en Paseo Claussen.
Esta práctica comenzó en la década de 1960, cuando jóvenes locales iniciaron saltos desde las rocas del malecón, y con el tiempo se convirtió en una actividad reconocida por habitantes y visitantes.
El escenario es uno de los puntos más emblemáticos del puerto. La glorieta, también conocida como El Clavadista, funciona como un espacio público frente al mar donde los saltos se realizan desde alturas que rondan los 14 metros y, en ocasiones, alcanzan hasta 20.
La ejecución requiere interpretar las condiciones del océano, ya que las rocas y el oleaje obligan a esperar el momento preciso en que la marea eleva el nivel del agua para garantizar la profundidad necesaria. Al caer, los clavadistas alcanzan velocidades cercanas a los 50 km/h, lo que convierte cada salto en una demostración de técnica y talento.



El aprendizaje se da de manera informal, observando y practicando desde puntos bajos hasta adquirir la experiencia para enfrentar las condiciones del Pacífico. No existen manuales ni escuelas, sino una transmisión generacional basada en confianza y práctica.
La relevancia de esta tradición ha sido documentada en proyectos como El Clavadista, realizado por Nextia: Plataforma Creativa, que recopila testimonios y relatos de integrantes del Grupo de Clavadistas de Mazatlán. El documental busca preservar la memoria de una actividad que, además de su atractivo turístico, representa años de convivencia con el mar.
Los clavados en Paseo Claussen continúan siendo parte del patrimonio cultural del puerto, integrando destreza física, conocimiento ambiental y una práctica que ha acompañado la vida cotidiana de Mazatlán durante más de medio siglo.






