A pesar de los crecientes compromisos ESG, las convenciones globales siguen desechando grandes volúmenes de comida. Tres expertas detallan las barreras estructurales que impiden solucionar este problema y proponen cambiar las reglas del juego a la hora de planificar los menús.
El desperdicio de alimentos se posiciona como, por lejos, uno de los desafíos más grandes a los que se enfrenta la industria global de eventos empresariales en materia de sostenibilidad. A pesar de los compromisos discursivos cada vez más públicos en torno a los criterios ESG (Ambientales, Sociales y de Gobernanza), la realidad demuestra que las conferencias, reuniones corporativas y grandes ferias comerciales en todo el mundo continúan desechando volúmenes significativos de alimentos en perfecto estado. ¿El motivo? Lejos de ser una falta de voluntad, el problema radica en factores operativos, de infraestructura y sistémicos.
En un reciente artículo de Meeting Professionals International (MPI), tres expertas en sostenibilidad desmenuzaron los obstáculos que enfrenta el sector en esta materia. Hayley Landingham, gerente de Eventos y Proyectos en Emerge, identifica como un gran desafío a los elevados mínimos de compra de alimentos y bebidas, que obligan a adquirir comida extra solo para alcanzar una cuota en lugar de cubrir una necesidad real. Ante esto, Landingham plantea la necesidad de compensar estas exigencias financieras con compras en otras áreas o, alternativamente, generar la oportunidad de compartir de forma solidaria esos alimentos con la comunidad.
Por otro lado, Molly Johnson, vicepresidente de Ventas y Servicios de Wilmington and Beaches CVB, señala que las restricciones alimenticias representan otra gran barrera. Para evitar complicaciones, los organizadores suelen apostar por los tradicionales bufés por ser la forma más sencilla de satisfacer a la mayoría, lo que fomenta el derroche masivo. Su propuesta es dialogar con los chefs para diseñar platos individuales inclusivos —que integren verduras, carbohidratos veganos, cero alérgenos y una proteína— para así reducir drásticamente la merma generada por las barras de comida.
Sin embargo, el cambio requiere de una transformación más profunda e implica ser flexible para aprovechar las particularidades de cada hotel o restaurante. Courtney Lohmann, estratega de Fractional Sustainability Leaders Collective y conferencista TED, asegura que “no existe una solución única para todos”. Para Lohmann, el mayor reto sigue siendo la falta de comprensión sobre la sostenibilidad y la planificación integral del menú. Su recomendación directa es “desechar las ideas preconcebidas sobre cómo debería ser el menú y rediseñarlo desde cero” para lograr reducir el desperdicio y evitar gastos innecesarios.
Finalmente, el análisis de las expertas y de MPI engloba tres barreras reales que perpetúan esta crisis:
- La sobreproducción: Es la norma generalizada; los servicios de catering piden excedentes para evitar cualquier escasez ante la fluctuación de asistentes o las altas expectativas del cliente.
- La infraestructura de los recintos: Muchos carecen de sistemas estandarizados para separar residuos orgánicos, instalaciones de compostaje o logística clara para efectuar donaciones.
- La inflexibilidad de la cadena de suministro: Los organizadores se enfrentan a servicios de catering rígidos, dejándolos sin las herramientas prácticas ni el poder de negociación necesario para exigir responsabilidades y cumplir con los objetivos de reducción de residuos.




