La joya de América Central, despliega un mosaico de islas y cayos que convierten al país en uno de los destinos más atractivos del Caribe para el turismo de naturaleza. Su herencia Maya y la proximidad a la Barrera de Coral hacen de cada visita una experiencia entrañable.
Ambergris Caye es el corazón turístico y la isla más grande del país. San Pedro, su ciudad principal, deslumbra con restaurantes, bares y tiendas de buceo, mientras los carritos de golf refuerzan su ambiente relajado. Desde aquí parten excursiones hacia la Reserva Marina Hol Chan y Shark Ray Alley, donde nadar con tiburones nodriza y rayas es posible.
A pocos kilómetros, Caye Caulker invita a vivir bajo el lema “Go Slow”. Más pequeña y bohemia, ofrece un ritmo pausado y económico. “The Split”, resultado del Huracán Hattie, es hoy un punto de encuentro para nadar, tomar el sol y disfrutar de la vida isleña.
La Península de Placencia abre la puerta a los cayos del sur, ideales para quienes buscan aislamiento y contacto puro con la naturaleza. Destacan los Silk Cayes, perfectos para esnórquel y picnics, y Laughing Bird Caye, Parque Nacional y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.


El ícono indiscutible es el Gran Agujero Azul, un sumidero submarino de más de 300 metros de ancho y 125 de profundidad, visible desde el espacio y considerado uno de los mejores sitios de buceo del mundo.
Finalmente, los atolones lejanos —Turneffe, Glover’s Reef y Lighthouse Reef— ofrecen paisajes prístinos, lagunas interiores y arrecifes que consolidan a Belize como un referente global en turismo ecológico.



