Entre balcones de hierro forjado cubiertos de plantas colgantes, faroles encendidos al caer la tarde y melodías de jazz flotando en el aire, esta ciudad del sur de Estados Unidos invita a las parejas a dejarse conquistar por su encanto.
Caminar por el French Quarter es como entrar en un escenario de cuento: carruajes tirados por caballos avanzan lentamente mientras los guías narran leyendas del barrio antiguo.
Al caer el sol, la magia se intensifica a bordo de barcos de vapor como el Steamboat Natchez o el Creole Queen, que recorren el Mississippi con música en vivo y vistas de la ciudad.
Los rincones íntimos abundan: City Park, con sus robles centenarios, ofrece paseos en góndola y pícnics románticos, mientras que el lago Pontchartrain regala atardeceres serenos.
La música, esencia de Nueva Orleans, se escucha en espacios como Preservation Hall y Snug Harbor, y también se baila en las clases de Fleur de Dance, donde el swing y la música cajún despiertan complicidad.
El romance se sirve en la mesa: desde Café Degas hasta Commander’s Palace, pasando por Bayona, Gautreau’s o el bohemio N7, cada platillo celebra la tradición criolla. Para compartir, la New Orleans School of Cooking invita a preparar gumbo y pralines.


La ciudad sorprende con jardines como el Botanical Garden y el Besthoff Sculpture Garden, además de la elegancia de Longue Vue House & Gardens y las mansiones del Garden District.
El descanso llega en el Spa Aria del Hotel Monteleone, diseñado para parejas, y la noche se enciende en bares icónicos como el Carousel Bar, Cure o Vessel NOLA, antes de dejarse envolver por la icónica Frenchmen Street.



