El crecimiento sostenido del turismo internacional ha llevado al Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC) a subrayar la necesidad de una gestión de destinos más proactiva e integral.
La organización sostiene que el éxito de un destino no debe medirse únicamente por el número de visitantes, sino por la capacidad de generar valor duradero para residentes, empresas y viajeros.
En su informe Destination Stewardship: creando valor para todos, el WTTC propone siete principios que redefinen la competitividad turística: planificar colaborativamente, priorizar la satisfacción de los residentes, anticipar retos, diversificar temporadas, reinvertir ingresos en comunidades locales y garantizar que el turismo genere prosperidad compartida.


A través de este marco se busca que los destinos no solo reciban visitantes, sino que fortalezcan su resiliencia y preserven su carácter cultural y natural.
El documento incluye ejemplos de gestión responsable en distintas latitudes. Madrid ha apostado por la desestacionalización y la descentralización; Colorado por la gobernanza colaborativa y la participación ciudadana; Bogotá por la inversión temprana en datos y planificación; mientras que Dubrovnik ha logrado mitigar la presión de los cruceros sin limitar la llegada de turistas.
Casos como Nueva York, Islas Baleares o Copenhague demuestran que la reinversión transparente y la innovación pueden fortalecer el respaldo social y distribuir beneficios de forma más equitativa.
Gloria Guevara, presidenta y CEO del WTTC, enfatizó que “cuando los destinos se gestionan bien, el turismo genera empleos, protege el patrimonio y ofrece prosperidad duradera”. El informe también recomienda acciones inmediatas para esta temporada alta, como monitorear la percepción de los residentes, mapear puntos de presión turística, promover destinos menos conocidos y comunicar con mayor eficacia los beneficios del turismo.
El WTTC recuerda que el sector sostiene uno de cada diez empleos en el mundo y aporta cerca del 10% del PIB global. Alcanzar un modelo de éxito dependerá de que gobiernos, comunidades y sector privado trabajen bajo una visión compartida, asegurando que el turismo siga siendo un motor económico y social, pero también un catalizador de bienestar y cohesión comunitaria.





