El destino parece decidido a mostrar una faceta que durante años permaneció en segundo plano; la de su historia, sus tradiciones y la vida cotidiana de quienes le dan identidad al puerto.
En el marco de la edición 50 del Tianguis Turístico, que regresó a su lugar de origen, Aida Patricia Pérez, directora operativa del Fideicomiso para la Promoción Turística de Acapulco (FIDETUR), conversó con Rèport acerca de la etapa de renovación que atraviesa el puerto.
“Estamos muy contentos, no nos cabe la felicidad de poder festejar el hecho de que haya regresado para el 50 aniversario; para nosotros es muy significativo. Al final el turismo a nivel nacional nació aquí en Acapulco y por supuesto el Tianguis Turístico también”, expresó.
La recuperación ha sido notable. De las 20 mil habitaciones que existían antes de Otis, actualmente más de 17 mil ya se encuentran operando, mientras nuevas inversiones continúan fortaleciendo la oferta turística. Pero para Pérez, el verdadero redescubrimiento de Acapulco ocurre lejos de los grandes complejos hoteleros.
Una de las apuestas más interesantes es la revitalización de la Bahía Histórica, una zona que durante años quedó eclipsada por los desarrollos de la zona Dorada y Diamante. Hoy, gracias a nuevas obras urbanas y proyectos impulsados por autoridades federales y locales, los visitantes pueden recorrer a pie espacios emblemáticos como el Zócalo, La Quebrada, el Fuerte de San Diego y edificaciones históricas como el Hotel Oviedo, considerado una de las primeras construcciones de dos niveles en el puerto.
“Es muy bonito poder darle el valor histórico a toda esa zona y esto solo se logró teniendo el apoyo del gobierno federal y de Fonatur”, afirmó.
Pero quizá los mayores tesoros del nuevo Acapulco se encuentran en aquellos rincones que los propios habitantes disfrutan cotidianamente. Uno de ellos es Puerto Marqués, donde opera el Marina Bus, una embarcación que conecta esta bahía con el Centro Histórico y que se ha convertido en una experiencia turística por sí misma.
Desde ahí parten recorridos que revelan uno de los secretos mejor guardados del destino, como son los petrograbados realizados por los antiguos yopes hace más de 2,700 años. Figuras talladas en roca, entre ellas la representación de una ballena emergiendo del mar, permiten descubrir una dimensión arqueológica poco conocida del puerto.
“Acapulco tiene mucha historia, nos hemos concentrado en sus grandes virtudes que son el sol y la playa; pero tenemos muchas cosas, tenemos cultura, tenemos historia, la gastronomía ni se diga”, destacó la directiva.
Además de los restaurantes icónicos, Pérez recomienda explorar colonias tradicionales como La Progreso, donde cada noche las cenadurías llenan las calles de aromas y sabores guerrerenses. En su mercado se pueden encontrar especialidades locales como chilate, relleno, barbacoa y antojitos que forman parte de la vida cotidiana de los acapulqueños.
“Son cosas que podrían parecer que no son turísticas, pero en realidad sí, porque mucha gente está buscando esa experiencia”, comentó.
A pocos pasos se encuentra el Mercado Chilapeño, un espacio donde artesanos provenientes de distintas regiones de Guerrero ofrecen canastas, textiles y piezas elaboradas a mano, reflejo de la riqueza cultural del estado y de una economía local que sigue viva gracias al trabajo de generaciones enteras.
La apuesta por mostrar el Acapulco menos conocido también incluye iniciativas sustentables. Entre ellas destaca la Ruta Bioviverista, integrada por más de 40 viveros ubicados en la zona Diamante, donde los visitantes pueden conocer especies endémicas y exóticas mientras descubren el trabajo de productores locales.
En el camino por recuperar su protagonismo turístico, Acapulco apela por mantenerse fiel a su esencia. Si bien las playas que lo hicieron famoso en el mundo continúan haciendo eco, el puerto invita hoy a descubrir mercados, barrios, vestigios prehispánicos y proyectos comunitarios que revelan la identidad de uno de los destinos más emblemáticos de México.






